Memoria y emoción: ¿qué relación tienen?

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¿Sabes por qué a veces cuando recuerdas algún momento triste de tu pasado, te sientes triste en el presente? ¿O porqué el hecho de recordar tus vacaciones idílicas hace que te sientas relajado y totalmente a gusto? Eso es por qué nuestros recuerdos se almacenan en nuestra memoria juntamente con las emociones. ¿Pero, por qué se llegó a tal conclusión?
Un poco de historia:

En la década de los 50, el interés científico por la memoria empezó a resurgir y empezaron a desarrollarse modelos para explicar el funcionamiento de la memoria a corto y largo plazo. Pero además, se pretendía exponer como se selecciona, organiza, almacena y recupera a la información, así como olvidamos y distorsionamos los recuerdos.

Más tarde, durante los 70, el interés se focalizó en explicar por qué algunos recuerdos se almacenan mejor o son más fáciles de evocar que otros. ¿Has notado eso también? Notarás que eres incapaz de aprenderte una lección de historia, pero en cambio, con solo un par de veces que hayas visto una película que te gusta, serás capaz de recordar decenas de escenas con toda clase de detalles.0

Recordamos mejor según nuestro estado de ánimo:

Gordon H. Bower, realizó varias investigaciones para observar el impacto de la emoción en nuestra memoria. Los sujetos aprendían listas de palabras mientras experimentaban diversos estados de ánimo, como miedo, tristeza o alegría. Luego los experimentadores hacían que los sujetos intentaran recordar las listas de palabras experimentando distintas emociones.

Si los sujetos habían memorizado una determinada lista de palabras experimentando alegría, al intentar evocar esa determinada lista, se recordaba mejor experimentando alegría, que por ejemplo otra emoción como la tristeza. Eso mismo pasaba con todas las emociones.

Bower afirmó que relacionamos el estado de ánimo con lo que ocurre a nuestro alrededor, por lo que la información y la emoción se almacenan juntas. Así es más fácil recordar cuando el estado de ánimo en el momento de almacenamiento y en el de recuperación es el mismo.

Información selectiva según nuestras emociones:

Además, durante sus estudios, Bower descubrió que la emoción también influye en aquella información que seleccionamos. Si estamos contentos, tendemos a detectar (y por tanto a recordar) cosas positivas; si estamos tristes, las cosas negativas nos llaman la atención y las recordamos más fácilmente. Esto es una forma de memoria selectiva. Por ejemplo, hay días que nos da la sensación que todo nos sale mal, que solo nos pasan cosas negativas y nada de bueno. Eso es porqué tus emociones están haciendo que solo te des cuenta de aquello malo que te está pasando.

Bower averiguó que las personas tristes recordaban mejor los detalles de una historia triste que las que estaban contentas cuando la leyeron. Llamó a este fenómeno “procesamiento congruente con el estado de ánimo” y concluyó que la memoria episódica (de situaciones y escenas) está especialmente vinculada a las emociones. Los hechos y las emociones se almacenan juntos, y recordamos mejor la información congruente con nuestro estado de ánimo, tanto cuando sucedió como cuando lo recordamos.

El poder de la emoción pafelicidad2ra crear recuerdos resistentes:

Sabemos que durante el afloramiento de una emoción fuerte, nuestro cerebro libera una gran cantidad de neurotransmisores, que en parte, nos hacen sentir como nos sentimos. Por ejemplo, en una situación de miedo, en la que nos sentimos estresados, se libera cortisona (la hormona del estrés), la cual nos acelera el pulso y nos activa para que podamos reaccionar ante el peligro. Se cree que precisamente la liberación de estos neurotransmisores provoca que los recuerdos asociados a emociones se almacenen más firmemente en nuestra mente.

Piensa en el mejor o el peor día de tu vida. ¿Verdad que recuerdas con todo lujo de detalles lo que pasó? Y no solo escenas e imágenes sino también tus propias emociones.

Un recuerdo asociado a una información cargada emocionalmente permanece grabado en el cerebro.

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